martes, 26 de septiembre de 2017

Numero 7 del Decalogo Enlazate por la Justicia para evitar la pobreza



NO SUPEDITARÁS TU ACCIÓN A LOS INTERESES ECONÓMICOS


«La política no debe someterse a la economía y ésta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia. Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana» (LS 189).


A lo largo de estos meses de campaña, en las reflexiones de los principios publicados del decálogo verde siguiendo los artículos de la Laudato Si’, hemos vuelto la mirada a la situación de la madre tierra y de las personas más olvidadas, hemos invitado a redescubrir modos de vida sencillos y sugerido cómo hacerlos posibles con gestos conscientes en nuestros comportamientos cotidianos, a apreciar y cuidar la rica diversidad de nuestro mundo, hemos animado a realizar una conversión personal, eclesial y comunitaria y a impulsar las decisiones necesarias aunque sean costosas.

En este séptimo principio, sin dejar de fijarnos en lo que nos interpela como personas responsables de lo que acontece en nuestra tierra, vamos a cambiar el foco y vamos constituirnos en voces que claman ante quienes detentan el poder de decisión en la política y en la economía, que finalmente orientan, fijan y condicionan en gran medida nuestro vivir.

A estas personas que ejercen el poder en los distintos niveles de la política y de la economía, también en la ciencia y en la técnica, les pedimos que regresen siempre, en su toma de decisiones, a su nivel y condición de ciudadanía, que se despojen de la impersonalidad que supone mirar desde arriba, no importa cuán arriba, para no perder de vista la perspectiva de lo común porque, antes o después, en mayor o menor medida, se verán afectadas por sus decisiones.

Las personas creyentes miramos en Jesucristo el camino a seguir para una comprensión cristiana de la realidad, porque a pesar de que “Todo fue creado por Él y para Él” (Col. 1,16) se abajó hasta lo más pequeño para vernos y servirnos desde ahí.

Se dice, y con razón, que no todas las responsabilidades son iguales en su contribución al deterioro de la situación económica, social y ambiental. Mayor capacidad de poder de decisión, de conocimiento y de beneficio personal supone mayor responsabilidad. Por eso para ejercerla bien es imprescindible una conversión general, tanto personal, como social y ecológica.

Invitamos en este principio a esa conversión para evitar o corregir una visión y práctica distorsionada de la economía, en la que prima más la maximización de beneficios a corto plazo, y donde la economía financiera es más importante que la economía real (cf. LS 85). Se condicionan con facilidad los ámbitos de las decisiones políticas y la orientación de las soluciones científicas y técnicas cuando el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común (LS 54) y las finanzas ahogan a la economía real (LS 109).


En este sistema desorientado se suceden las crisis económicas y, en cada una de ellas, como reacción a sus consecuencias y efectos nunca controlados, surgen voces que apuntan soluciones que no se atienden. Un ejemplo reciente es la crisis financiera de 2007-2008, en la que se plantearon propuestas ambiciosas, presentándose la ocasión para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los principios éticos y para una nueva regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia. Pero no hubo una reacción que llevara a repensar los criterios obsoletos que siguen rigiendo al mundo (LS 189).

Es necesario superar el paradigma tecno-económico (LS 203) que nos domina para recuperar una economía al servicio del ser humano y respetuosa con la creación, una ecología económica capaz de obligar a considerar la realidad de manera más amplia (LS 141).

Tal vez sea pedir demasiado pero se trata de que todas las personas, especialmente las que ejercen el poder en los distintos niveles, mirasen con la mirada de las más vulnerables para no perder de vista nuestro ser. Mirada humilde, desde abajo, de seres pequeños, de criaturas, y, por tanto, de alcance necesariamente limitado y corto. Esto evita decidir desde el egoísmo o los intereses particulares, desde la superioridad del poder político, económico, científico, técnico o cultural.






www.enlazateporlajusticia.org

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