jueves, 21 de febrero de 2019

Mujeres del Malí salvan a sus hijos durante la sequía

Antonia y Ana Maria Ygeño con dos Padres Blancos en el Malí
Estuve en Mali 48 años. Una buena parte de esos años los pasé en Mandjakui. Las hermanas se ocupaban de un Centro de bordado tunecino al que acudían mujeres analfabetas. Era una manera de darles no solo la formación al bordado, sino una formación general que les sirviera en su vida: cómo cuidar de los niños y de la familia, alimentación, higiene, salud, leer, escribir, etc.
Dos episodios de sequía fueron especialmente severos y largos, el de 1972 y 1973 y el de los años 1982 a 1984. al comienzo de “la gran sequia” (1972 – 1974), cuando los graneros empezaron a vaciarse, los hombres se marcharon de los pueblos para ir a buscar trabajo, y no ser una “boca mas” para alimentar. No era una escapatoria, pues son muy trabajadores, sino una estrategia de sobrevivencia. En el pueblo se quedaron sólo las mujeres con los niños. Gracias a lo que ganaban en el Centro al vender sus trabajos, pudieron sobrevivir. Compraban comida para que los hijos comieran lo mínimo y pagaban la escuela. Consiguieron sacar adelante a los hijos con el fruto de su trabajo.
Son mujeres muy valientes e inteligentes. Llegaban a hacer un trabajo extraordinario, bordados con gran perfección. Durante el tiempo en que estuvieron solas, viendo como a pesar de grandes dificultades, conseguían que sus hijos y ellas comieran aunque fuera lo mínimo y que pudieran continuar en la escuela. Estaban orgullosas de lo que eran capaces de hacer. Eso les dio seguridad. Se valoraban mucho mas y su autoestima aumentó, aunque ellas no lo llamaban así, pero se veía y se sentía.
Cuando al cabo de dos años comenzó a llover, los hombres volvieron. Estaban en admiración delante de sus mujeres, al ver como en tiempos de dificultad habían sido capaces de sobrepasar las dificultades y que gracias a ellas sus hijos habían podido sobrevivir. Eso les hizo valorarlas más. La admiración en los hombres les daba dignidad y reconocimiento. Aunque al ser cristianos las relaciones entre hombres y mujeres son bastantes buenas, a partir de ese momento la mujer se vio mucho mas libre y tratada con mas igualdad. Ellas se sintieron capaces de luchar por la supervivencia de los suyos y fueron reconocidas en ese esfuerzo.
No solo estábamos en la ciudad, sino que íbamos a visitar a las mujeres en los pueblos. A veces nos quedábamos  dormir en los pueblos. En una región me solía quedar a dormir en casa de una señora, en la estera y comía lo que ella o las otras mujeres cocinaban. ¡Para ellas el acogerme y recibirme era una alegría muy grande! Lo único que yo hacía era dejarme acoger por ella. Cuando murió mi madre hizo 60 km a pie para venir a saludarme. Le dije ¿por qué te molestas? Me dijo “Porque la amistad es lo más bonito y lo mejor que existe en el mundo”. Yo no había hecho nada para merecerlo, solo recibir lo que ella me ofrecía… y eso me hacia recibir muchísimo… Podemos pasarnos de muchas cosas, pero no de querer y ser queridos y ahí lo he vivido a fondo.
Mi contacto con todas las mujeres en los distintos sitios del Mali donde he vivido, ha sido magnifico. Acogía lo que ellas me ofrecían en su pobreza y el poder compartir lo poco que tenían y el ver que yo lo aceptaba con gusto les llenaba de alegría. . Eso les alegraba poder compartirlo y ver que yo lo aceptaba con gusto.
Son  muy agradecidas. Quiero a las mujeres y ellas lo saben. El aceptar lo que ellas me ofrecían, nos permitía tener un contacto de cariño y de amistad extraordinario.
En el barrio de Kalabankura, en Bamako las hermanas tenemos un Centro para chicas que no han ido a la escuela. La mayoría eran musulmanes y se les daba una formación general con costura y confección, pero también hacían el tinte de las telas, jabon y diferentes actividades.
Un día, un centro muy importante que trabaja para la exportación de vestidos nos pidió que le enviáramos chicas para trabajar allí. Fueron las mejores. Eso les permitía tener un salario fijo. Cuando recibieron el primer salario, nunca habían tenido tanto dinero junto. Me llamaron todas para darme las gracias por todo lo que les había dado ayudándoles en su formación.
Otra chica gracias a la alfabetización recibida en el Centro pudo continuar sus estudios de enfermera. Su graduación fue una alegría muy grande para todas las hermanas que hemos pasado por ahí y que conocían a la chica.
Antonia Agreda

lunes, 11 de febrero de 2019

La fraternidad humana es un llamado divino, dice el secretario general del CMI


La fraternidad humana es un llamado divino, dice el secretario general del CMI
Foto: Carla Khijoyan/CMI
03 de febrero de 2019
Versión en español publicada el: 04 de febrero de 2019
Organizada por el Consejo Musulmán de Ancianos, la Conferencia Mundial sobre Fraternidad Humana (3 y 4 de febrero) reunió a prominentes personalidades religiosas, intelectuales y mediáticas internacionales de diversas tradiciones religiosas, entre ellos, además del Rev. Tveit, el papa Francisco y el Gran Imán de Al Azhar, el Dr. Ahmad Al-Tayyeb.
En un mundo marcado por el odio, la intolerancia y el conflicto, dijo Tveit, lo que las tradiciones religiosas del mundo deben ofrecer es el indispensable contrapeso del amor.
Haciendo alusión a las creencias cristianas, Tveit dijo que: “Como cristianos, creemos que el amor de Dios, tal como se manifiesta a través de Jesucristo, puede impulsarnos a vivir juntos como una única familia humana”.
Tampoco esto es un mero sentimiento, dijo. “El amor auténtico es más que sentimientos; es algo que se demuestra mediante una búsqueda común de justicia y paz.  Hemos sido creados juntos y llamados como gentes de fe para ser guardianes los unos de los otros, como hermanas y hermanos”.
Reconociendo que, con frecuencia, los propios grupos religiosos no han sabido llevar el amor a la práctica, el Rev. Tveit defendió que el amor es el antídoto contra el odio y, especialmente, contra el flagelo del racismo.
“La influencia perversa del racismo en el mundo actual nos plantea a todos, sea cual sea nuestra religión, el reto de averiguar qué implica realmente en la práctica amar a todas nuestras hermanas y hermanos humanos, y de luchar para que todos ellos vivan la justicia y la paz en sus vidas cotidianas, tal y como desearíamos para nosotros mismos”.
“El racismo es una realidad que degrada, discrimina y excluye a los otros. Es un pecado humano y uno de los venenos más peligrosos de nuestras vidas como una única familia humana”.
Haciendo referencia a los genocidios del siglo XX, particularmente el de los judíos en la Segunda Guerra Mundial, Tveit advirtió sobre los peligros actuales que plantean los exclusivismos.
Al establecer un vínculo entre un solo Dios y una sola humanidad, señaló, el papel de las comunidades religiosas es “inculcar el valor y el concepto de ciudadanía, sobre la base de la diversidad, de la promoción de la libertad de religión y de creencias, y de la solidaridad entre las diferentes comunidades religiosas”.
“Hoy necesitamos un nuevo discurso comunitario y un nuevo pacto social entre nosotros. En todas partes, también en Oriente Medio, la cuna de nuestras tres religiones abrahámicas. Especialmente, son los más vulnerables quienes deberían sentir un apoyo verdadero y la solidaridad de todos. Entre los que llevan más tiempo sufriendo la falta de una verdadera ciudadanía, la falta de igualdad de derechos y de una protección adecuada, destaca el pueblo palestino”.
Para concluir, Tveit dijo: “También sabemos que las convicciones religiosas pueden engendrar emociones fuertes, entre ellas la agresión, el odio e incluso la violencia hacia los demás. “Para nosotros, que estamos aquí, es nuestra responsabilidad, y la de todo el que represente a una religión en la actualidad, ser un reflejo del amor de Dios por la humanidad”.

martes, 5 de febrero de 2019

El mundo en que vivimos


ÁFRICA, EL EXPOLIO QUE SIGUE
-Resumen-

Se dice que vienen por la desesperación de la pobreza y el hambre, acrecentada por los desastres naturales y los conflictos bélicos. Y es cierto. Pero muchos africanistas sostienen que la causa más profunda de la migración africana es el saqueo sistemático de las materias primas africanas por parte de las multinacionales y los grandes poderes financieros extranjeros y locales. Y en ese proceso de expoliación de los recursos, frecuentemente con métodos violentos, se hace imposible la vida de la gente, que huye de sus tierras y países.


MATERIAS PRIMAS

En África están el 97% de las reservas mundiales de cobre, el 80% de las de coltán (abreviación de columbita-tantalita), el 50% de las de cobalto, el 57% de las de oro, el 20% de las de hierro y cobre, el 23% de las de uranio y fosfatos, el 32% de las de manganeso, el 41% de las de vanadio, el 49% de las de platino, el 60% de las de diamantes, el 14% de las de petróleo, el 66% de la cromita…

Buena parte de los minerales citados son imprescindibles para las industrias de aeronáutica, exploración espacial, automovilística, telecomunicaciones, informática, armas inteligentes, videojuegos, e incluso medicina… De ellos depende que nosotros tengamos ordenadores y móviles. Y con frecuencia esos minerales son extraídos de las minas por niños y niñas que trabajan en condiciones infrahumanas.

Además, África suma el 12,5% de la producción mundial de petróleo. También tiene el 65% de las tierras cultivables del planeta. Produce, y en muchos casos exporta, cereales, cacao, algodón, maní, aceite de palma, café… Pero la mayor parte de estos recursos están sub-explotados o concedidos a empresas extranjeras. Es una paradoja que muchos países africanos, dramáticamente acosados por el hambre, estén garantizando la seguridad alimentaria a poblaciones de otros continentes y enriqueciendo a especuladores.

En la costa de África occidental (Mauritania, Senegal, Gambia…) abunda el pescado, y allí se han asentado grandes empresas transnacionales para producir harina de pescado, negocio que ya alcanza unos 140.000 millones de euros anuales y que pone en peligro la supervivencia de las comunidades costeras.

 CONTINENTE RICO, HABITANTES POBRES

A finales del siglo XX, ante la imposibilidad de que los países africanos (y otros) pagaran su deuda, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial inventaron el “ajuste estructural”. Fue así como, en plena orgía privatizadora, los países occidentales se lanzaron al floreciente  mercado de materias primas africano, a través de las grandes multinacionales mineras. Casi todas las minas africanas fueron privatizadas. Algo similar ocurrió con el sector de los hidrocarburos.

Actualmente, entre el 60 y el 80% del valor de las exportaciones de los países africanos corresponde a materias primas, y sus importaciones son productos manufacturados. África carece de una industria propia.

La riqueza de África se queda entre las multinacionales mineras, petroleras, agrícolas, pesqueras…, los gobiernos y las élites locales, los señores de la guerra… 38 de los 54 países africanos se encuentran entre los 50 países menos desarrollados del mundo. Hay en el Continente 256 millones de hambrientos, es decir, el 21% de sus 1.200 millones de habitantes.

Países potencialmente ricos como la República Democrática del Congo, Nigeria, Angola, Ghana, Costa de Marfil, Guinea Ecuatorial, Níger, etc. tienen a la mayoría de sus habitantes sumidos en la pobreza, fruto del expolio y la desesperante desigualdad. Para las poblaciones locales, la actividad minera implica la expropiación de tierras de cultivo, la reubicación de pueblos enteros, la contaminación del agua por el cianuro, el deterioro de la salud… Es decir, un mayor empobrecimiento.

Las riquezas que alberga África han sido la causa de innumerables conflictos  y guerras, y detrás de esos conflictos suelen estar las potencias de Occidente y las trasnacionales que se disputan las materias primas. La República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi y Tanzania son un caso paradigmático. La guerra del coltán fue especialmente intensa entre 1998 y 2005, y costó la vida al menos a cuatro millones de personas. Actualmente se calcula  que un kilo de coltán supone, como mínimo, dos muertes en las minas, pero luego están las disputas por el metal. Los militares congoleños tratan de evitar que las minas caigan en manos de señores de la guerra o rebeldes extranjeros. Los señores de la guerra (unos 120 pequeños ejércitos) explotan yacimientos ilegales,  extorsionan a los mineros y venden las materias primas  (sobre todo el coltán) a los países vecinos, que los comercializan con las transnacionales. Rebeldes pagados desde Ruanda y Uganda, países títeres de Estados Unidos, también codician los preciados metales. Y, detrás de todo ello, las grandes multinacionales (Apple, Intel y otras) que lucran con el sufrimiento y la muerte.

 EXPOLIO Y CORRUPCIÓN

Con frecuencia las grandes potencias manipulan y alientan los conflictos étnicos (y más recientemente el combate al terrorismo), para justificar sus disputas por las materias primas africanas. A las potencias y empresas occidentales también les va bien que haya políticos africanos corruptos que les ofrecen generosas exoneraciones fiscales y les permiten repatriar el 100% de los beneficios.

En 2015, los países africanos exportaron al resto del mundo minerales y petróleo por valor de 232.000  millones de dólares, pero eso beneficia casi con exclusividad a las compañías e inversores extranjeros, dejando utilidades marginales para los países. Las transnacionales son expertas en evitar el pago de sus obligaciones tributarias, utilizando prácticas de planificación fiscal a través de paraísos fiscales. Algunos expertos calculan que esas prácticas les permiten evadir impuestos por unos 48.200 millones de dólares al año… A ello habría que agregar otros 42.000 millones anuales que pierde África por la deforestación y el uso agrícola abusivo.

La extracción de riqueza en África por parte de los países occidentales supera con creces las “ayudas” que recibe. En 2015, los países de África recibieron 161.600 millones de dólares, en su mayoría créditos, remesas de particulares y ayuda en forma de donaciones (éstas alcanzaron unos 19.000 millones). Pero de África salieron 203.000 millones en repatriación de los beneficios de las grandes corporaciones y en el traslado ilegal de dinero fuera del Continente.

 LA RAÍZ DE LA INMIGRACIÓN

Si los gobiernos de la Unión Europea quisieran acabar con la migración desesperada de tantos africanos-as, lo primero que deberían hacer es dejar de saquear África. Pero no quieren hacerlo, porque ellos y sus empresas son los más beneficiados. Los cambios necesarios no los harán las élites.

La cooperación internacional no puede alardear de su benevolencia con los pobres de África, mientras sus gobiernos y empresas siguen expoliando el Continente. Debe desvincularse de los intereses empresariales y comprometerse, junto con las organizaciones de la sociedad civil, para denunciar la responsabilidad de las empresas multinacionales y los gobiernos del Norte en el empobrecimiento de África y para proponer y exigir leyes que acaben con la evasión/elusión fiscal y los paraísos fiscales, y con otras injustas transferencias de recursos fuera de África.

Si las empresas occidentales siguen sacando miles de millones cada año mediante las industrias extractivas, los paraísos fiscales, el acaparamiento de tierras, la pesca abusiva, etc., el desarrollo de África será una causa perdida. Y seguirán viniendo…

lunes, 4 de febrero de 2019

Cumbre de cambio climatico

Vale la pena visualizar este video y ver el compromiso de los pequeños con el cambio climatico.

https://www.youtube.com/watch?v=wYr3DNWcFO0&feature=youtu.be

viernes, 25 de enero de 2019

Esperanza mediterránea: “En tierra, mar y aire…”



Ilustración: Francesco Piobbichi / FCEI
20 de diciembre de 2018

La Federación de Iglesias Protestantes en Italia (FCEI) y otras personas implicadas en el apoyo a los migrantes en tierra, mar y aire están fortaleciendo su colaboración.
El programa de corredores humanitarios, un proyecto ecuménico desarrollado por el equipo “Mediterranean Hope” del FCEI con la Comunità di Sant’Egidio en 2015, se encuentra ahora en su segunda fase. Ha creado corredores legales que permiten que más de 2.000 migrantes viajen de manera segura y legal a Italia, Francia, Bélgica y Andorra desde  Medio Oriente y desde África subsahariana.
Este espíritu pionero quedó en evidencia el 20 de diciembre cuando el FCEI reveló su colaboración con organizaciones no gubernamentales (ONG), que trabajan en el Mediterráneo y su apoyo a las comunidades de Calabria, que han proporcionado al mundo un modelo para acoger a los migrantes.

El FCEI, que ya lleva más de un año colaborando con la ONG española Proactiva Open Arms (POA), ahora brindará apoyo financiero, material y logístico a Sea-Watch y Pilotes Volontaires. El apoyo a las comunidades en Calabria se matizará más, teniendo en cuenta las difíciles condiciones económicas en que se encuentran, pero que han recibido una nueva vida, al acoger a los migrantes. Ahora, después de una serie de decisiones políticas que han visto cómo el apoyo estatal ha secado y desmantelado efectivamente el sistema de acogida, existe un riesgo significativo de que se pierdan por completo los progresos realizados.
Riccardo Gatti, de POA, subrayó la importancia de la solidaridad en un momento en que el trabajo de quienes ofrecen asistencia humanitaria, se define cada vez más como criminal. Habló de la campaña para frustrar los esfuerzos de búsqueda y rescate, y el coraje necesario para expresar solidaridad en el clima actual.
La presidenta de FCEI, Luca María Negro, subrayó el imperativo bíblico de demostrar una hospitalidad radical. Desde su perspectiva, el trabajo llevado a cabo por el FCEI, es una manifestación simple de ese imperativo, cuya base se puede encontrar en el "Manifiesto de acogida" que el FCEI publicó este verano.
Giorgia Linardi de Sea-Watch se refirió a la colaboración existente entre Sea-Watch y las iglesias protestantes en Alemania, y la importancia de responder con las iglesias asociadas en Italia.
Paolo Naso, coordinador de Mediterranean Hope, destacó la importancia de la red de fe para sostener las iniciativas humanitarias y demostrar creatividad en el apoyo que ofrece.

Mimmo Lucano, alcalde de Riace, sigue sujeto a la acusación, no probada, de facilitar la inmigración ilegal y actualmente no se le permite entrar en Riace, ciudad a la que ha dedicado toda su energía durante muchos años. A pesar de estas dificultades personales, sigue comprometido con la gente del pueblo y, en particular, con los que han emigrado allí. Habló conmovedoramente de la aparente desconexión entre permitir campamentos informales, donde los migrantes viven en condiciones espantosas, lo que llevó a que se crearan comunidades  como Riace, que  ahora han sido desmanteladas. Lucano reconoció la importancia fundamental del apoyo externo para que Riace y su modelo de integración sobrevivan.


 Esperanza Mediterránea
Manifiesto de acogida

Comunicado de prensa del FCEI - 20 de diciembre de 2018.
Traducido del ingles.

jueves, 24 de enero de 2019

LA TRATA DE PERSONAS:


Dia 8 de Febrero. Contra la Trata Humana

Una aproximación a la realidad de la trata Si existe un término que califica ésta realidad y que impregna toda la literatura sobre la trata de seres humanos es el ser una realidad invisible. Incluso el Papa Francisco en sus intervenciones y escritos ha puesto de manifiesto la gran ignorancia que existe sobre este problema. Por lo tanto, es un objetivo esencial asumir el compromiso de visibilizar e incluso ir mucho más allá, es decir, no solamente transmitir una información y unos hechos, sino concienciar de la gravedad de un problema que nos concierne y afecta a todos, y de las graves consecuencias sobre las personas que lo sufren y sobre nuestra propia sociedad y convivencia. Visibilizar una realidad que tiene lugar en nuestro entorno más cercano y que supone un agravio a la dignidad de la persona, instrumentalizada, cosificada y tratada como un mero objeto intercambiable, así como una grave violación de los derechos humanos que, recordemos, son universales, inviolables e inalienables. Se trata de una nueva forma de esclavitud que somete en su mayoría a personas en situación de vulnerabilidad, que son explotadas de diversas formas una vez han sido captadas en sus lugares de origen y trasladadas a los países de destino. La forma de explotación más común y mayoritaria es la sexual, pero existen otras formas que no por ser menos comunes son menos importantes, como la laboral, mendicidad, comisión de delitos, matrimonios forzosos, extracción de órganos, etc. Un comercio que se nutre fundamentalmente de personas migrantes y, en su mayoría, de mujeres y niñas. Que cuenta con quienes proveen y con quienes demandan o consumen. Las causas de la trata son diversas y el papa Francisco nos insta a combatirlas para lograr erradicar esta lacra. Estas causas están muy relacionadas con los factores de vulnerabilidad de las víctimas que, generalmente, tiene que ver con razones políticas, económicas, sociales y culturales en los países de origen, pero también con la demanda creciente en los países de destino.

El Papa Francisco en sus últimos mensajes ha insistido en la necesidad de reducir la demanda y realizar trabajos de prevención, una demanda de servicios sexuales que crece preocupantemente en nuestro país entre los más jóvenes, y que favorece la explotación sexual de mujeres y niñas.
La trata de seres humanos es un problema con múltiples dimensiones y agentes que de una forma u otra intervienen en todo el proceso. Comienza con la captación a través de diversas formas, que difieren en función del lugar de procedencia, pero no de las circunstancias que en éstos se viven. Es decir, la mayoría soportan situaciones de vulnerabilidad que les convierte en presa fácil y les hace más susceptibles de captación por quienes participan en este entramado mafioso y delictivo. La comunicación de una deuda contraída, o la obligación a realizar una actividad concreta en situaciones de esclavitud, es común a todas las personas que acaban siendo víctimas de la trata. Una deuda que apenas mengua y que supone un sometimiento por largo tiempo a quienes bajo amenazas, coacción, intimidación, abusos físicos y psicológicos, agresiones, violencia, aislamiento, etc. consiguen silenciarlas y subyugarlas. Escapar de la explotación resulta muy complicado y arriesgado, ya que no solo pone en peligro sus vidas, sino también la vida de sus seres queridos. La detección de posibles víctimas de la trata es un paso esencial en los procesos de identificación y persecución del delito. Los avances que han tenido lugar a nivel legislativo, unido a los planes de lucha contra la trata y atención a las víctimas a nivel autonómico y local, la especialización de la policía, los jueces y la fiscalía, así como el trabajo de entidades sociales y eclesiales, está facilitando que la protección a las víctimas y la persecución del delito sean una realidad.

 La Trata de Seres Humanos es un negocio ilícito transnacional cuyos beneficios sitúan al mismo nivel que el tráfico de drogas y el tráfico de armas. El comercio con personas esclavizadas supone uno de los negocios más rentables a nivel mundial. Esta realidad sangrante en el siglo XXI nos interpela como cristianos y como seres humanos, y nos invita a comprometernos para dar respuesta a la misma pregunta que Dios le hizo a Caín ¿Dónde está tu hermano? Gn 4, 9. Hoy en esta ciudad queremos que se oiga el grito, la pregunta de Dios: ¿Dónde está tu hermano? Que esa pregunta de Dios recorra todos los barrios de la ciudad, recorra nuestro corazón y sobre todo que entre también en el corazón de los “caínes” modernos. Quizá alguno pregunte: ¿Qué hermano? ¿Dónde está tu hermano esclavo? ¿El que estás matando todos los días en el taller clandestino, en la red de prostitución, en las ranchadas de los chicos que usas para mendicidad, para “campana” de distribución de droga, para rapiña y para prostituirlos…? ¿Dónde está tu hermano el que tiene que trabajar casi a escondidas de cartonero porque todavía no ha sido formalizado… ¿Dónde está tu hermano…? Y frente a esa pregunta podemos hacer, como hizo el sacerdote que pasó al lado del herido, hacernos los distraídos; como hizo el levita, mirar para otro lado porque no es para mí la pregunta, sino que es para otro. ¡La pregunta es para todos! (Cardenal Bergoglio. 25 septiembre 2012. Buenos Aires –Argentina

Mª Francisca Sánchez Vara (Directora Sección Trata de Personas. C.E.M.)

viernes, 11 de enero de 2019

LA GUERRA ALIMENTARIA

                         Por Gustavo Duch
El control de las materias primas genera múltiples batallas con millones de víctimas, más que ningún otro conflicto haya provocado. Y no solo mata el hambre.  
Dicen que si a las cosas no les ponemos nombres no existen. Así que cuanto antes bauticemos a la actual escalada militar que se ha convertido ya en una tercera guerra mundial, mejor. Antes la reconoceremos y antes podremos, tal vez, detenerla. Propongo llamarla la Guerra Alimentaria. 

Para decidir que hablamos de una guerra, según la Wikipedia, debemos focalizar “un conflicto que enfrenta violentamente a dos grupos humanos masivos, y que comporta como resultado la muerte, individual o colectiva, mediante el uso de armas de toda índole”. Pues bien, los dos grupos humanos masivos en conflicto están bien definidos. Generalizando, en un bando los países ricos del norte o países industrializados, en el otro los países del sur donde el sector primario sigue siendo el predominante (aunque ciertamente hay sures en los nortes, y nortes en los sures). Que la muerte es el resultado de este conflicto es algo obvio. Hablamos de millones de víctimas, cifras como nunca antes otra guerra ha provocado. Y aunque el conflicto que genera múltiples batallas es por el control de los alimentos, no solo de hambre mueren las víctimas. Las muertes de esta guerra alimentaria tienen muchas formas de presentarse. Tantas como armas de toda índole se están usando.

Entre las armas más conocidas tenemos el expolio, que si en tiempos de colonización eran invasiones a mano armada, en tiempos de neocolonizaciones son algo más sutiles y avanzan disfrazadas de inversiones agrícolas para favorecer el desarrollo del país. Muy similar, el acaparamiento de bienes comunes es otra fórmula de despojo consistente en el control de la tierra, el agua o las semillas. Los paramilitares en Colombia usurpando tierras en favor de los grandes terratenientes de la palma africana es uno de los muchos ejemplos que podríamos citar. Estas dos armas, junto con el libre comercio que nunca favorece a las pequeñas agriculturas de los países del Sur, conforman una tríada ampliamente identificada y denunciada que acaba con la soberanía alimentaria de miles de territorios y que es responsable del hambre, la muerte o el éxodo.

Conviene ahora añadir tres armas en los arsenales de este nuestro primer mundo inquieto e innovador. La primera de ellas, las bombas y los misiles directamente disparados sobre objetivos agrícolas. Como explica el informe Estrategias de la Coalición en la Guerra del Yemen, escrito por Martha Mundy, y presentado el pasado mes de octubre, 22 millones de personas, el 75% de la población yemení, sufren de hambre, y de ellas, más de 8 millones precisan de ayuda urgente y constante. Claramente, desde mediados del 2015, explica el informe, los objetivos militares de esta Guerra Alimentaria ponen la atención en las zonas rurales y en los sistemas de producción y distribución alimentaria. En las mejores zonas agrícolas, los bombardeos han reducido a la mitad las hectáreas de tierras aptas para el cultivo y han provocado que entre el 20 y el 61% de la producción de fruta y verdura y ganadería haya desaparecido. Las capturas de pesca han caído alrededor de un 50% porque los ataques aéreos han asesinado a casi 150 pescadores. Y entre tanta destrucción alimentaria, también se mantiene bloqueado el puerto de Hodeida por donde entraba el 80% de los alimentos importados del país. Ejemplos como el del Yemen los podemos encontrar idénticos en el caso de Palestina.

La segunda de ellas la tenemos muy visible. Frente al éxodo provocado en este conflicto mundial consistente en dominar el acceso a los alimentos, Europa y EEUU están ofreciendo la misma respuesta. Vallas, muros y un amplio despliegue militar para frenar cualquier posibilidad de llegada de personas migrantes a nuestros territorios. Solo en el Mediterráneo se cuentan en miles las personas fallecidas frente a este escudo de protección. Mueren con las manos buscando manos.
La tercera de estas armas está en fase de desarrollo. Bajo el argumento de “garantizar alimentos al país ante situaciones de sequía, plagas, inundaciones o bioterrorismo”, la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa, del Departamento de Defensa de Estados Unidos, está desarrollando el llamado Project Insect Allies. Como explican en su página web, la tecnología que pretenden desarrollar consiste en la introducción de un virus, a partir de un insecto, en los cultivos agrícolas deseados, consiguiendo modificar rápidamente el ADN de estas plantas. Es decir, si imaginamos que un campo de trigo está siendo afectado por una tremenda sequía, se dispondrá de un ejército de insectos modificados genéticamente que sobrevolando dichos campos podrá inyectarles o administrarles un virus, también genéticamente modificado, que conseguirá cambiar el ADN del cultivo de trigo para darle, en este caso, mayor capacidad de resistencia frente a la sequía en el mismo momento que la necesita. Como recientemente ha recogido la revista Science, este misma tecnología que se presenta como protectora de los cultivos puede perfectamente ser usada como arma biológica para acabar con los cultivos de tu enemigo, haciendo caer sobre ellos un ejército de estos insectos mutantes equipado con un virus con capacidad infecciosa o esterilizante. Con las nuevas técnicas de edición genética CRISPR, no hablamos de ciencia ficción.

¿Y llegaremos a este extremo? Seguro que sí, la relación de amor entre las grandes multinacionales agrícolas y los aparatos militares ya tienen muchos años de cosechar resultados, como Bayer o Monsanto demostraron en la II Guerra Mundial y en la Guerra de Vietnam, respectivamente. Estas tecnologías no parecen acertadas y a mi entender, lo que urge es reconocer que el mundo del norte se equivocó en su carrera loca y capitalista de industrialización y que debe volver a poner en práctica aquello por lo que está militarmente batallando: producir sus propios alimentos.
Más agricultura local es una retirada a tiempo, por el bien del planeta.
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Gustavo Duch es escritor y veterinario. Coordinador de la revista Soberanía Alimentaria, Biodiversidad y Culturas y autor de libros como Mucha Gente Pequeña y Lo Que Hay Que Tragar.


Acompañamiento a enfermos de Sida en la Republica Demócratica del Congo

  Publicado en las noticias del Vaticano https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2026-04/sisters-project-rdcongo-hermanas-sagrado-corazon...