Mostrando entradas con la etiqueta Actualidad. Espiritualidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Actualidad. Espiritualidad. Mostrar todas las entradas

martes, 25 de julio de 2017

Formas de vivir con sencillez

La segunda parte del compromiso Laudato Si’ nos llama a Vivir con Sencillez.


En la Laudato Si’, el Papa Francisco nos invita a “un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo pequeño, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos.” (222). Como una forma de vivir la Laudato Si’, te invitamos a buscar medidas para consumir menos, compartir más, y a centrarse más en las relaciones en lugar de las cosas.
1. Compra menos cosas— Antes de comprar algo nuevo, pregúntate, “¿Necesito esto? Esto me da alegría?” Ten ropa, zapatos y otros artículos reparados en lugar de tirarlos a la basura.

2. Compra conscientemente—Busca productos que usen menos plásticos. Por ejemplo, evita usar fundas para cada producto que compres. Compra menos cosas, pero puedes apoyar a emprendimientos de productos locales y comercio justo.

3. Trata de comer menos carne- Puedes reducir tu consumo de carne al menos una vez por semana, o reducir el consumo de productos de origen animal. Compra frutas y vegetales locales y de temporada, o a su vez, cultiva tus propios alimentos.

4. Gasta menos—Evita desperdiciar los alimentos o tirar la comida sobrante lo menos posible. LLeva tu propio bolso de compras cuando vayas al supermercado.

5. Comparte más— Organiza pequeños eventos comunitarios para compartir con tus vecinos. Por ejemplo, abrir un espacio para construir una biblioteca comunitaria u organiza un intercambio de ropa o juguetes con tus vecinos. Busca compartir tu tiempo en los programas de voluntariado o apoyando a los grupos pastorales de tu parroquia.

6. Conduce menos– Habla con tus amigos o familiares sobre compartir el carro para ir de compras de supermercado, para ir a la iglesia u otros eventos. Siempre que sea posible, maneja bicicleta, camina o usa transporte público.

7. Nutre tus relaciones— Prioriza tu tiempo para compartir con tu familia y amigos. Encuentra eventos al aire libre o gratuitos para disfrutar el tiempo en familia como ir de caminata, hacer deportes. Establece un tiempo especial para estar en familia en el cual no usen aparatos electrónicos.

8. Tiempo de calidad para ti mismo— Haz un seguimiento semanal de tu tiempo y el tiempo con tu familia. Identifica si hay espacios en los que pierdes tu tiempo que podrías aprovecharlos adecuadamente. Y busca establecer un tiempo para estar en la naturaleza todos los días.

9. Examina tu estilo de vida. Baja la temperatura del aire acondicionado o de calor a un grado. No compres agua embotellada si el agua del grifo es segura para beber. Desenchufa los electrodomésticos cuando nos los estés utilizando.

10. Establece un tiempo para rezar y dar gracias— Da un poco de tu tiempo para la oración, agradecer y contemplar las cosas buenas en tu vida.

© Global Catholic Climate Movement

jueves, 20 de julio de 2017

ENLAZARNOS CON LA JUSTICIA CON TODA NUESTRA CORPORALIDAD

 Campaña Enlazate por la Justicia

Me gusta el verbo “enlazarse” y me parece una buena traducción para el verbo hebreo dabaq que significa estar adherido, pegarse, aferrarse, unirse, arrimarse... Pruebo a traducir así algunos textos bíblicos y adquieren un sentido nuevo: “Como un cinturón se enlaza a la cintura de un hombre, así había yo hecho que se enlazara a mí toda la casa de Israel para que fuera mi pueblo, mi renombre, mi honor y mi gloria..." (Jer. 13 ,11). También nos ayuda a entender mejor la actitud que el Señor espera de su pueblo: "Elige la vida y vivirás tú y tu descendencia, amando al Señor tu Dios, escuchando su voluntad y enlazándote con él, pues él es tu vida." (Dt. 30,19).
Buscando en el Evangelio personajes “enlazados”, el primero que viene a mi memoria es el samaritano de la parábola en su “enlazarse” con el hombre medio muerto del camino.

Recordemos la escena: el realismo lúcido del autor no ahorra sus tonos sombríos: un asalto de bandidos, un hombre despojado, derribado y medio muerto y dos transeúntes "cualificados" que pasan de largo (y nos resulta inevitable recordar el bandidaje de nuestro mundo, sus víctimas olvidadas en los márgenes de la exclusión, la indiferencia de quienes pasan o pasamos yendo afanosamente a nuestros propios asuntos, la agresión continuada que sufre el planeta, etc.).

Y cuando la historia se obstinaba en hacernos creer que el mal constituye la última palabra de las cosas y que la situación es fatalmente irremediable, aparece otra figura en el horizonte, precedida de una pequeña marca gramatical que nos pone en vilo: "pero un samaritano...". ¿De dónde procede y qué pretende la "disidencia" introducida por ese "pero"? nos preguntamos ¿qué fuerza de oposición puede representar en medio de un mundo que no parece emitir más señales que las del frenesí posesivo, la obsesión por el propio cuidado y una inconsciencia satisfecha, mientras que pueblos enteros se desploman en silencio? Ese pequeño "pero" ¿no nos está comunicando algo de cómo mira Jesús la historia y de su terca esperanza que ve emerger en ella una poderosa aunque en apariencia débil fuerza de resistencia?

Porque, en medio de tantos signos de muerte, el Samaritano que entra en escena no parece poseer muchos recursos, no pertenece a ningún centro de poder que lo respalde y le garantice prestigio o influencia; es extranjero, viaja solo y no cuenta más que con su alforja y su montura, pero tiene la mirada al acecho y allá adentro, su corazón ha vibrado al ritmo de Otro y todo él va a correr el riesgo de enlazarse con el caído.
Y hace el gesto mínimo e inmenso de aproximarse al hombre abatido (¿o es también el planeta herido?). Cuando otros lo han esquivado, sin dejar que les hiciera mella dejarlo atrás, él se siente afectado y responsable de su desamparo. La urgencia de tenderle la mano pospone todos sus proyectos e interrumpe su itinerario. La inquietud por la vida amenazada del otro predomina sobre sus propios planes y hace emerger lo mejor de su humanidad: un yo desembarazado de sí mismo. Es un extranjero al que ningún parentesco ni solidaridad étnica obligaba a atender a otro, pero que se ha detenido a socorrerle; es un viajero que ha descendido de su cabalgadura, ha cambiado su itinerario y se ha arrodillado junto a otro hombre enlazando su propia suerte con la suya.

¿Y si en ese gesto de pura alteridad se encerrara el secreto de la identidad cristiana más honda? Ser en medio del mundo un signo que contesta el acrecentamiento del tener, una presencia que afirma el valor y la dignidad de los más pequeños, la preocupación efectiva por cuidar de la Casa Común. Ínfima piedrecita de tropiezo en el campo de la lógica neoliberal, soñadores con los pies en la tierra, empeñados en mantener una relación esperanzada y no resignada con la realidad, capaces de descubrir posibilidades viables de transformación y de imaginar el "otro mundo posible".

Por eso importa tanto que nos preguntemos qué miran nuestros ojos: qué leemos, a qué fuentes de información acudimos, en qué tipo de personas nos fijamos, qué programas de TV preferimos...; por nuestros oídos: qué voces, opiniones y juicios tienen más influencia en nosotros, de qué medio social proceden, desde qué experiencia hablan...; por nuestros pies: qué lugares frecuentan, a quienes visitan, dónde se detienen, de dónde escapan...; por nuestras manos: para quienes trabajan, a quiénes sirven, con qué situaciones contactan...; por nuestro corazón: hacia quiénes se inclina, por quiénes se conmueve, por qué causas se apasiona...
Porque son esos comportamientos cotidianos y sencillos los que pueden verificar si nuestras vidas están también, como la del samaritano, en camino de enlazarse con la justicia.
Dolores Aleixandre - Teóloga

Acompañamiento a enfermos de Sida en la Republica Demócratica del Congo

  Publicado en las noticias del Vaticano https://www.vaticannews.va/es/iglesia/news/2026-04/sisters-project-rdcongo-hermanas-sagrado-corazon...